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Barcelona, en silencio…

El tejido institucional necesita un completo rediseño y un cambio de modelo radical que pueda responder a los retos que enfrentamos.

Barcelona, en silencio…

Art Workers, Daniel G. Andújar 2020

Ha pasado el verano y enfrentamos ahora un otoño e invierno que se percibe muy duro por los rebrotes y la crisis no resuelta del Covid-19. Las industrias del entretenimiento, la cultura, el ocio, la hostelería y el comercio minorista han sufrido las mayores pérdidas iniciales de empleo e ingresos. Sin olvidar a quienes trabajan al margen del sistema, tres de cada cuatro trabajadores en negro han perdido todos sus ingresos con el Covid-19 –estos representan entre el 11% y el 25% del PIB español. La frágil economía creativa de todo el mundo se está hundiendo a mínimos históricos. Una gran cantidad de trabajadores de la cultura y creadores, muchos de los cuales son trabajadores autónomos o subcontratados, se quedan sin trabajo e ingresos simultáneamente. La incertidumbre es total y universal. Las cuestiones que planteamos en mayo, ante la inminente desescalada y reapertura de museos y otras infraestructuras del sistema del arte, se acumulan sin responder por quienes administran políticamente nuestras ciudades y el Estado. ¿Qué parte de nuestro sistema económico, social y cultural quedará en pie? ¿Cómo será la Barcelona que nos espera a la salida de esta crisis? ¿Qué rumbo debe tomar? ¿Qué alternativas al “modelo Barcelona” plantean nuestros gobernantes, los diferentes partidos y agrupaciones políticas, la sociedad civil? ¿Vale la pena reconstruir un sistema que no nos satisface? ¿Pueden utilizarse de forma más eficiente los recursos? ¿Las infraestructuras que utilizamos y conocemos son necesarias y útiles en este cambio radical de contexto? ¿Qué medidas urgentes se están tomando para tratar de paliar la precariedad en el sector de los trabajadores autónomos de la cultura? Denunciaba, también, la falta de reflexión y debate público sobre un posible cambio de modelo, la indefinición de la administración, la indeterminación de la clase política, la falta de iniciativas y desarrollo de políticas culturales concretas y de un rediseño institucional adecuado en un momento de tanta incertidumbre.

Las actuales carestías se unen a los vicios y la precariedad acumulada desde la última crisis financiera. Aquella crisis no funcionó como catarsis, no regeneró, sino que generó damnificados y fantasmas que todavía habitan por los pasillos de nuestro tejido institucional. Durante los años duros de los recortes el sistema de infraestructuras culturales de este país fue convenciendo a la clase política que era posible asumir la misma capacidad de programación y mantener el mismo espacio expositivo con muchos menos dinero. “Haremos más con menos”, esto se lo oímos a algún que otro director. Esto se hizo por varias vías, estrangulando a proveedores, trabajadores y artistas e implementando un sistema de autofinanciación perverso que ahora se vuelve en contra y será necesario revolucionar. La respuesta institucional entonces fue conservadora y desastrosa, enfrentándose a la crisis explotando endebles colecciones, programando exposiciones enlatadas, estirando el tiempo de las muestras con duraciones desorbitadas. Museos que no coleccionan, que no investigan, ni publican. Centros de arte que no producen, que juegan a ser museos y que por tanto no toman riesgos ni desarrollan al tejido creativo. La financiación y la gestión de la gran mayoría de estos equipamientos están basados en un modelo de concertación o consorcio totalmente obsoleto y poco transparente.

El tejido creativo y los trabajadores terciarios de la cultura está desproporcionadamente afectado. Trabajadores de la cultura, la gran mayoría autónomos o en pequeñas empresas, son relegados de sus trabajos, exprimidos o utilizados para mantener a flote instituciones públicas incapaces de adaptarse a nuevas situaciones. La violación sistemática de los acuerdos adquiridos con la comunidad artística a través del código de buenas prácticas profesionales en las artes visuales por entidades e instituciones dependientes del Icub o la Generalitat se ha convertido en norma. La idea siempre ha sido la de mantener intacto el tejido institucional a expensas de todo lo demás, cuidar la maquinaria, pero sin la provisión de energía necesaria para su funcionamiento a largo plazo. Lo que entonces fue necesario transformar hora es urgente revolucionar.

Llama la atención la absoluta desproporción de las retribuciones de cargos políticos y algunos cargos de dirección institucional en un contexto generalizado de absoluta precariedad en el sector cultural. La consellera Mariàngela Vilallonga cobra 115.517,04 euros frente a los 82.978 euros que cobra el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Son muchos los cargos políticos en Cataluña que superan el sueldo de los miembros del gobierno de la nación, por ejemplo, el Secretari General de Cultura Francesc Vilaro, con 91.242,40 euros. La consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, tiene un sueldo de 68.150, muy cercano al del Conseller de Educación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana, Vicent Marzà, con 71.156 euros. Contrasta también la generosidad en los sueldos de algunos cargos directivos. Los honorarios estipulados para la dirección del Macba superan los 100.000 euros brutos anuales en contraste con los 43.850,45 que cobra el siguiente cargo en el escalafón –conservador jefe. Las retribuciones anuales de la nueva directora del IVAM, una institución similar al Macba en tamaño, presupuesto y volumen de colección, ascenderán a 67.615,92 euros. En Barcelona, algunos cargos municipales de dirección artística, contratados como “falso autónomo” y sin exclusividad, superan los 70.000 euros brutos anuales. En contraste, el panorama laboral en el que se encuentran muchos artistas y creadores, así como el personal técnico y auxiliar que participa en el proceso de creación, donde se evidencia la precaria situación de los trabajadores en un sector -el cultural-, donde la norma es temporal y contratos intermitentes, junto con ingresos irregulares y bajos salarios.

Los museos y centros culturales de Barcelona reabrieron a mitad de junio, después de tres meses cerrados, con la esperanza de que el verano compensaría las visitas perdidas. Nada más lejos, ha sido el peor verano. La ausencia de turistas ha producido un descenso del 90% de visitantes, los barceloneses siguen sin acudir a sus museos, nada se ha hecho al respecto. ¿Asumirán las distintas administraciones íntegramente la caída de caja de todas las infraestructuras culturales de la ciudad?  Seguimos sin respuestas, y es que no va a ser fácil revertir, de la noche al día, todo un “modelo Barcelona”. En Barcelona gran parte de los equipamientos públicos se concibieron como una maquina de producción de actividades culturales realizadas ex profeso para satisfacer la demanda de la industria cultural y de ocio de una ciudad que apostó claramente por un modelo productivo basado en el turismo, la industria de servicios y la especulación inmobiliaria. No es extraño entonces deducir que Barcelona es una ciudad en la que ideológicamente se ha priorizando el escaparate y no el tejido creativo, que se fija en el movimiento y no en la tracción del sistema que lo permite. Si estamos ante un colapso, redefinición o transformación radical de modelo será muy importante tener en cuenta esto último. Barcelona hace tiempo que atraviesa una crisis sostenida. La ciudad abierta, dinámica, cosmopolita e innovadora, la capital del diseño e industria editorial en castellano, refugio e inspiración de intelectuales, escritores y artistas de finales de los 80 es ahora una ciudad cada vez más encorsetada, predecible, desconfiada, pesimista y con proyectos que presentan signos claros de agotamiento. La ciudad, que estaba mejor posicionada hace cuatro décadas para emerger como el principal centro económico español, ha ido perdido posiciones como referente económico y cultural.

¿Qué mejor momento para experimentar un salto al vacío?

En medio de esta crisis económica y sanitaria la ciudad navega en un mar revuelto institucionalmente hablando. En medio de la tormenta se embarca en un profundo proceso de renovación institucional. Fundació Antoni Tàpies carece de dirección artística. En La Capella se ha producido un vacío no resuelto con la anunciada jubilación del histórico gestor público, Oriol Gual. El Arts Santa Mònica. Centre de la Creativitat, carece de dirección desde hace tiempo sin que la Generalitat se pronuncie. El contrato de dirección artística en La Virreina Centre de la Imatge llega a su fin a finales de este año 2020. El proyecto de Fabra i Coats: Centre d’Art Contemporani de Barcelona i Fàbrica de Creació es cuestionado desde los propios equipos municipales cuando apenas ha podido desplegar su programa. La Fundació Joan Miró hace frente a la mayor crisis de su historia, abriendo sólo los fines de semana. El Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), con presupuesto de mínimos –a finales del 2019 ya había sufrido un tijeretazo por el plan de recortes decretado por el Departament de la Vicepresidència i d’Economia i Hisenda (un 6% para todas las entidades del sector público adscritas o participadas mayoritariamente por la Generalitat) 925.708 euros de un presupuesto de 15.277.034,79 euros. Espera un déficit de 1,5 millones en 2020. En el año 2008 el presupuesto del MNAC era de 20 millones de euros. El Museu d’Art Contemporani de Barcelona MACBA deberá convocar también concurso de dirección al no haberse renovado en el cargo a Ferran Barenblit. Es la enésima crisis de esta institución. Desde su creación hasta la actualidad, el MACBA ha sido dirigido por Daniel Giralt-Miracle (1988- cesado en 1994), Miquel Molins (1995- cesado en 1998), Manuel J. Borja-Villel (1998-2007), Bartomeu Marí (2008- cesado en 2015) y Ferrán Barenblit (20015- no renovado en 2020). Cuatro de los cinco directores del buque insignia del arte contemporáneo de la ciudad han salido de la institución de forma abrupta, cesados, o por no renovación de contrato y sin completar su proyecto. Aunque la crisis más sonada fue la provocada por Bartomeu Marí en 2015. Aquel hecho insólito destapó fallas del modelo institucional público y el funcionamiento no democrático de una institución cultural pública. Instituciones débiles, poco flexibles, encerradas en su propia dinámica interna, con poca empatía con el tejido creativo y el publico de la ciudad, que carecen de unos sistemas de gestión, de control y de evaluación transparentes, democráticos y de calidad.

Como ya pasara durante la anterior crisis, se vuelve a correr el peligro de generar un contexto en el que las instituciones, en vez de renovarse y adaptarse, tiendan a quedarse aletargadas, estirando sus presupuestos hasta llegar a un estadio de congelación institucional como el que ya sufrimos. De momento gran parte de la actividad se ha postergado o retrasado. “No se ha cancelado nada, todo se pospone”– hemos oído decir. En realidad, hay quién lleva meses con todo cancelado, esperando que la maquinaria se ponga en marcha, que lleguen los encargos, que se reanuden las contrataciones, esperando un mail, una llamada… Tampoco todo se pospone, por ejemplo, la Bienal de Pensamiento, un proyecto calcado del Festival Filosofía de Módena impulsado por el profesor Remo Bodei. En Barcelona este proyecto lleva la firma personal del teniente de alcaldía y jefe del Área de Cultura, Educación, Ciencia y Comunidad del Ajuntament de Barcelona, Joan Subirats. Este año se celebrará una segunda edición con el mismo presupuesto que en la primera edición –700.000 euros, muy similar al de Módena. Margaret Atwood y Donna Haraway abrirán online la Bienal, “Todo se grabará y habrá algunos ‘streamings'”.  Sinceramente, en un momento en el que es necesario evaluar el compromiso político con la Cultura, este no parece el mejor ejemplo de práctica política –parecen “Buenas Prácticas”, según el manual Ciscar/Blasco ¿Para qué necesitamos proyectos de gestión cultural autónomos e independientes si podemos dirigirlos nosotros mismos desde el Ayuntamiento o la Generalitat? Las élites empresariales, culturales e intelectuales dejan de actuar fuera de las instituciones a luchar por controlarlas ahogando la iniciativa de proyectos profesionales, independientes y de la sociedad civil. Cataluña ha sufrido durante décadas ese efecto pernicioso de “regionalismo burgués”, la vinculación exclusiva entre comunidades en el poder e instituciones capturadas por las élites. Las sociedades anónimas más importantes, los proyectos de mayor envergadura, los grupos de presión económica, los partidos políticos e instituciones sociales, deportivas y culturales de Barcelona han estado controladas desde hace tiempo por un grupo selecto. Son las élites que mueven los hilos, las familias, las instituciones, los tecnócratas, los espacios de sociabilidad y los círculos de poder a la sombra que forman parte del particular “capitalismo familiar” que tanto le gusta a Pujol.

“Somos unos cuatrocientos y siempre somos los mismos”, decía el corrupto “Señor de Barcelona”, Félix Millet, para referirse al grupo de personas que frecuentaban las entidades que conforman el vértice superior de la pirámide civil barcelonesa. Una verdadera oligarquía en torno a una red de estructuras y firmas familiares que aglutinan el poder social y económico en la ciudad desde el siglo XIX. Efectivamente, cinco o seis generaciones después de Joan Güell Ferrer y Antonio López López, la cohesión del poder económico en esta ciudad asombra. La debilidad y la ignorancia de los políticos ante un poder económico e inmobiliario con el que se han establecido demasiadas complicidades ha condicionado la vida, el modelo y el futuro de la ciudad. Ante este panorama no es de es de extrañar la larga tradición de prácticas especulativas y delincuencia económica asociada al urbanismo de la ciudad de Barcelona. Práctica que se extiende especialmente desde el desarrollo del proyecto de las Olimpiadas del 92 y que cada vez más escapan de cualquier control democrático.

Recuerdo cuando los libros blancos de cultura de la ciudad de Barcelona asumían la doctrina según la cual la cultura y la creatividad son uno de los tres sectores clave (junto con la ciencia y la tecnología, así como los negocios y la administración) que impulsan la cohesión social y el grado de confianza interpersonal ayudando a desarrollar fuerzas comunitarias y sociales con una capacidad ilimitada para tender puentes entre sí. Son muchas las ciudades europeas y gobiernos con proyectos y medidas de recuperación que asumen que cualquier financiación adicional para infraestructuras y ayudas para la recuperación deben incluir a artistas, organizaciones artísticas o culturales y creativos de manera similar como lo hacen para otras áreas económicas y sociales afectadas. Hay que luchar contra la incapacidad del pensamiento de los políticos de entender qué significaría contribuir a la compleja ecología cultural.

Cualquier reconstrucción potencial, a cualquier escala, debe tener esto en cuenta. La pandemia solo ha iluminado lo que ya estaba mal. Y ha revelado la falta de respaldo por parte del Estado para muchos sectores de la sociedad que viven en los límites del mercado o directamente al margen del mismo. La incertidumbre es total, las preguntas se acumulan, pero las certezas deben convertirse en la convicción de que, si algo ya no funciona, no debemos repetir los fracasos del pasado y cambiar lo que ya sabemos que no funciona. La reflexión sobre el cambio de modelo es prácticamente impagable y se da ante la indefinición de la administración, la indeterminación de la clase política y un escaso (miserable) apoyo del Estado. El tejido institucional necesita un completo rediseño y un cambio de modelo radical que pueda responder a los retos a los que nos enfrentamos. Hay que hacer entender la necesidad de que la intervención del Estado es fundamental para asegurar la responsabilidad por el sector de la Cultura. Es necesario una redirección urgente del gasto público que en lugar de servir para desarrollar las funciones sociales que el mercado no va a atender está buscando estimular la economía de la precariedad en el nivel más bajo posible. Puede que estemos ante una oportunidad única de cambio profundo, dada lo coyuntura. Esperemos que el silencio imperante sea una pausa temporal del pensamiento reflexivo y que pronto nos sorprendan con propuestas de procesos culturales emancipadores. Insisto, sería interesante oír la voz de nuestros dirigentes políticos para ver como afrontan esta situación sin precedentes, cuales son sus propuestas de asistencia urgente y sus recetas para una pronta recuperación.

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¿Y ahora qué? (notas para una desescalada)

¿Y ahora qué? (notas para una desescalada)

¿Reiniciar? ¿volver a la “normalidad”? ¿la nueva o la antigua? ¿hacer lo mismo de siempre…?

Estamos viviendo una distopía que me temo no será ni breve ni transitoria. Hay mucha incertidumbre, se habla ya de un cambio de paradigma, de una nueva era. Un inesperado virus ha provocando la mayor pandemia que recordamos y las consecuencias son devastadoras. Ha confinado a la humanidad, segado cientos de miles de vidas y está cambiado la forma en que vamos a vivir. El orden mundial, que se nos decía que era imposible de cambiar, se tambalea. Estamos ante en un gran reto generacional de dimensiones globales, también en el ámbito de la cultura. En estos días de apresurado desconfinamiento, oigo hablar de reiniciar, volver a la “normalidad” o ir a una “nueva normalidad”, o reanudar nuestras vidas donde las dejamos. 

La desestabilización, el aislamiento social con graves limitaciones de movimiento, la hiperconectividad de nuestras vigiladas cápsulas de confort, la suspensión del funcionamiento habitual de las condiciones de vida y de trabajo de muchos y en muchas regiones, está acelerando algunos procesos derivados de la globalización, el postcapitalismo y la digitalización puestos en marcha desde hace décadas. Incluso procesos ideológicos que estaban latentes en nuestra sociedad. Deberemos de cambiar radicalmente, creo que el cambio está ya operando en nuestras cabezas, evidenciando por un lado nuestra fragilidad y por otro la necesaria prioridad de lo público. Hemos aprendido que nuestro extraordinario avance científico y técnico no puede protegernos, en todo caso puede vigilarnos con mayor eficiencia. Debemos reorganizar totalmente el sistema económico, político y social. ¿Pero cómo? El vacío es enorme. El ruido ensordecedor. No todos vamos en el mismo barco. El mapa está borroso. No hay capitán. Es el momento de parar un instante, aprender a remar juntos y buscar una nueva dirección.

¿Los museos se reinventan?

¿Qué parte de nuestro sistema social, político y cultural quedará en pie? ¿Cómo será la Barcelona que nos espera a la salida de esta crisis? ¿Qué rumbo debemos tomar? ¿Qué alternativas al “modelo Barcelona” plantean nuestros gobernantes, los diferentes partidos y agrupaciones políticas o la sociedad civil? Nadie contaba con el actual colapso, pero, una vez asumido el primer impacto, la cuestión es si estamos ante un cambio radical, ante una oportunidad de cambio, o por el contrario trataremos de apuntalar el actual modelo e intentar volver donde lo dejamos ¿sería esto último posible? La incertidumbre es total, las cuestiones se acumulan, pero las certezas tienen que convertirse en convencimiento de que, si algo ya no funcionaba, no deberíamos repetir los fallos del pasado y cambiar lo que ya sabemos que no funciona. Sería muy interesante poder escuchar la voz de nuestros dirigentes políticos para ver cómo afrontan la gestión de esa situación sin precedentes, cuales son sus ideas y propuestas. ¿Cuál es el programa?

Ante tal incertidumbre y necesidad de cambios en profundidad, me ha llamado la atención el debate, en ocasiones el silencio, en torno a la reapertura de museos, aspectos de la desescalada que afectan al sistema del arte. Lo poco que hemos conocido gira, básicamente, en torno a un par de temas. Por un lado, los cambios logísticos, prácticos y estructurales necesarios como consecuencia de la pandemia provocada por el Covid-19. Por otro lado, las pérdidas económicas producidas durante el cierre y la previsible caída de público, generalmente de turistas. La reflexión en cuanto al cambio de modelo es prácticamente inapreciable y se produce ante la indefinición de la administración, la indeterminación de la clase política y un exiguo apoyo político. Resuelta la logística de higiene y seguridad del museo, parece que el problema que más preocupa a muchos es el económico. Si es así, cómo es que se va a proceder a la reapertura sin resolver un problema tan importante. ¿Asumirán las distintas administraciones íntegramente la caída de caja de todas las infraestructuras culturales de la ciudad? Por ejemplo, los 10 millones de euros de presupuesto del Picasso, los 11,4 millones de euros del Macba… Es toda una incógnita. Durante los años duros de los recortes diferentes dirigentes de infraestructuras culturales de este país fueron convenciendo a la clase política que era posible asumir la misma capacidad de programación y mantener el mismo espacio expositivo con muchos menos dinero, incluso sin financiación pública para actividades. “Haremos más con menos”, esto se lo oímos a algún que otro director. Esto se hizo por varias vías, estrangulando a proveedores, trabajadores y artistas, e implementando un sistema de autofinanciación perverso que ahora se vuelve en su contra. ¿Es el museo un servicio público? ¿Tendrían que asumir las administraciones el coste de abrir las puertas como pasa con los hospitales, el sistema educativo…? ¿Qué clase de instituciones necesitamos? Preguntas en el aire que dejan un vacío y cuestionan esta reapertura sin compromisos adquiridos por ninguna parte. Es hora de evaluar el compromiso político con la Cultura. Pero también de plantearse si vale la pena reconstruir un sistema que no nos satisface, si esos millones pueden utilizarse de forma más eficiente y si las infraestructuras que utilizamos son necesarias en este cambio radical de contexto.

Reinventar el modelo, ¿qué modelo?

El único modelo identificable aquí está afectado de una u otra forma por el turismo. El crecimiento turístico de los últimos años había transformado zonas como La Barceloneta, Las Ramblas, Gòtic, Ciutat Vella, los alrededores de la Sagrada Familia y el Parc Güell. Esa transformación se hizo evidente en la sustitución del tejido comercial de barrio por tiendas de suvenir, bares y restaurantes turísticos. La subida del precio de la vivienda debido a la inversión extranjera y a la incorporación de viviendas para uso turístico había convulsionado la vida de los barrios. Las molestias generadas a los habitantes por esta especulación desatada unidas a efectos de gentrificación, ruidos, tráfico, contaminación y el comportamiento de algunos turistas provocó continuos desplazamientos de población creando una gran desafección ciudadana, despersonalización y pérdida de tejido social. El Macba, el CCCB, la UB o la Blanquerna cayeron en el Raval como fuerzas paracaidistas de un ejercito extranjero, ahí siguen atrincheradas, sin avanzar en el barrio. La masificación turística emergió como segundo problema de Barcelona en las recientes encuestas del ayuntamiento “¡Hasta los turistas comienzan a estar hartos del turismo!” Uno de cada tres extranjeros (34%) que viven en la ciudad afirman que Barcelona tiene un turismo masivo “que no les gusta”. Un problema de sostenibilidad del turismo y de calidad de vida de los ciudadanos, el 59,9 % de los vecinos piensa que Barcelona ha llegado al límite de su capacidad.

El sector turístico ha sido uno de los ámbitos de crecimiento económico directo más importante heredados de la Barcelona Olímpica del 92, y ha sido uno de los pilares del “modelo Barcelona”, y de la economía barcelonesa y catalana. Los Juegos Olímpicos, principal ejemplo de gran evento moderno, fue uno de los motores de aceleración de los procesos globalizadores que caracterizaron el fin del siglo XX. Barcelona experimentó una notable evolución turística desde entonces, acercándose en 2019 al colapso turístico con más de 12 millones de visitantes al año, entre turistas de vacaciones y de negocios. Es una de las ciudades más visitada de Europa y el puerto líder en cruceros del continente y del Mediterráneo. El turismo genera el 12% del PIB y el 14 % de la ocupación en Cataluña: “No hay ningún otro sector industrial que aporte esto”. El 83,1 % de los ciudadanos consideran que el turismo es beneficioso, y tres de cada cuatro barceloneses lo menciona como el sector económico que aporta más riqueza. La riqueza que produce el turismo en Barcelona hizo que la ciudad se redefiniera hasta convertirse en el nido perfecto para esa gallina de los huevos de oro.

Los cinco aspectos mejor valorados de Barcelona por los turistas son la arquitectura (9,26), la cultura (8,91), el entretenimiento (8,61), el transporte público (8,51) y el carácter y la amabilidad de la gente (8,47). Gran parte de los equipamientos públicos de la ciudad se concibieron como una maquina de producción de actividades culturales realizadas ex profeso para satisfacer la demanda de la industria cultural y de ocio de una ciudad que apostó claramente por un modelo extractivo basado en el turismo, el ocio, la industria de servicios y la especulación inmobiliaria. Pero su tejido cultural siempre fue endeble, basado en grandes acontecimientos, festivales y eventos puntuales. Históricamente la ciudad de Barcelona careció de infraestructura pública destinada al arte contemporáneo, ni los políticos de la ciudad, ni tampoco la burguesía se preocupó de ello, extraordinariamente el Comité Olímpico Internacional permitió, por primera vez, organizar unos JJOO con apenas infraestructura cultural y sin museo de arte contemporáneo. Gran parte de los equipamientos culturales de la ciudad son una iniciativa de la sociedad civil. Museos municipales como el Picasso son iniciativa del propio artista que, en 1960, y por voluntad expresa del propio Picasso, su amigo y secretario personal, Jaume Sabartés, propuso al Ayuntamiento de Barcelona la creación de un museo dedicado a su obra. El 8 de mayo de 1970 se firmó la donación de Pablo Picasso a la ciudad de las obras que estaban en el piso de paseo de Gràcia de su familia: 236 óleos, 1.149 dibujos, 17 carnés de dibujo, 4 libros de texto con dibujos y 40 obras de artistas amigos suyos. Cuando muere Jaume Sabartés. En homenaje al amigo fallecido, Picasso dona el Retrato azul de Sabartés (1901) y las 58 telas que componen la serie Las Meninas (1957), que conforman el grueso de la colección. Además, Picasso se compromete a donar al museo un grabado de todos los que dedique, en el futuro, a su amigo. El próximo viernes 8 de mayo se cumplirán50 añosde la firma del acta notarial que formalizaba esta donación. Pero son pocos los barceloneses que conocen esta historia, que sepan o entiendan que este museo y esas obras en realidad les pertenece, nadie se lo ha contado. Tal vez eso explica, en parte, que los barceloneses siempre dieran la espalda a los museos de su ciudad, tanto a las colecciones permanentes, a las exposiciones temporales y a las actividades programadas por todos ellos. Los barceloneses, se decía, “no van ni gratis a sus museos”. En museos como el Macba apenas llegan a sumar un 15% del total de los visitantes. El público extranjero, representa un total del 73% de visitantes. Los visitantes venidos del resto de Cataluña apenas llegan al 6%, la mayoría de la provincia de Barcelona, seguidos de los de Girona. En museos como el Picasso los visitantes extranjeros llegan hasta el 90% y en la Fundación Joan Miró al 81%. Pero ojo a la paradoja, de 12 millones de turistas extranjeros solo el 7,1% visitó nuestro museo más visitado, el Museo Picasso. El Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) lo visitaron poco más del 4,2% de visitantes extranjeros, y el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (Macba), el 1,6% del total. El Louvre, en Paris, lo visitan el 21% de extranjeros que visitan la ciudad, cifras similares o superiores pueden verse en otros museos como en el Prado o el Reina Sofía, si bien en el Reina Sofía la mitad de sus visitantes son nacionales o residentes en España. Barcelona nunca formó parte del “boom de los museos”, sus colecciones no pueden competir con las de París, Madrid o Londres, su baja inversión en producción y generación de patrimonio artístico esta acorde a sus resultados. Este cúmulo de paradojas deja al sector en una autentica insignificancia e indefinición, no se trabaja ni para el publico local ni para el turista. Vamos a tener que poner en valor el compromiso de esta ciudad con la cultura y las artes. Para reinventar algo hay que poner en cuestión el modelo anterior y lo cierto es que el sistema de las artes apenas encajó en la industria de ocio, tampoco se entiende como valor añadido al desarrollo turístico de la ciudad, más allá de la excepción del Picasso –primer museo de la ciudad y en el gran dinamizador del barrio de la Ribera–. Gran parte de la infraestructura de las artes no conectó con el modelo de grandes eventos puntuales, tipo festival, bienal de pensamiento o “qué noche la de aquel día”, de gran eficacia promocional, fuerte impacto mediático y público masivo, que hoy necesita también “reinventarse”. La baja cotización en el escaparate propagandístico de partido o institución política, sitúa al sector artístico en muy mala posición para negociar remanentes en la desescalada del “modelo Barcelona”. Lo cierto es que no hay plan estratégico ni político que seguir. La cuestión es cómo y a dónde vamos. Está claro que el modelo de producción cultural basado en los resultados inmediatos, y no en los procesos, las personas o la educación, está agotado desde hace tiempo. El tempo de la cultura nada tiene que ver con el de la política o la economía, es básicamente lento como el de los procesos sociales. En el fondo todo es cuestión de planificación, organización, prioridades y trabajo colectivo. Si queremos subvertir el modelo de escaparte, si no queremos estar sujetos al éxito y a la pericia personal de algunos proyectos fortuitos o puntuales, si queremos alejarnos de la precarización del trabajo voluntario, tendremos que remar fuerte contra la ola a la vez que damos un fuerte golpe de timón. Debemos corregir estas deficiencias y construir una institución más vertebrada y plural; con unos sistemas de gestión, de control y de evaluación transparentes, democráticos y de calidad; con un trabajo reconocido institucional y socialmente. Necesitamos una nueva institucionalidad e infraestructuras culturales abiertas y próximas en las que los ciudadanos encuentren un espacio de representación pública, de formación permanente y un verdadero instrumento de emancipación. La práctica artística está en permanente estado de alarma, en perturbadora emergencia que obliga a reinventarse continuamente. Cada generación ha de hacer frente a sus retos, el nuestro es monumental. Los retos son importantes y la práctica artística deberá estar ahí creando un espacio radical de libertad y resistencia que genere una necesaria capacidad crítica en el público y la sociedad.  No hay que pedir nada extraordinario ni prioritario, pero debemos tener en cuenta que, si las estructuras en el sector de la cultura desaparecen o colapsan del todo, y en estos momentos, no será fácil reconstruirlas. Ello tendría un impacto inimaginable en la diversidad de nuestro paisaje cultural en términos de perdida de un valioso capital simbólico, profundamente vital, crítico y fundamental para nuestra formación personal y como ciudadanos. El sistema del arte, tal y como lo hemos conocido, está colapsando ante nuestros ojos. En el mundo del arte, la cultura en general, tendremos que redefinir muchos de los roles actuales, rediseñar o cambiar radicalmente gran parte de la infraestructura, consolidar procesos colectivos e inventar nuevas metodologías de trabajo para producir, crear, transferir, generar patrimonio y procesos culturales en condición de dignidad.

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A vueltas con el CONCA y su “Estatut de l’artista”

Ayer asistí a la enésima prueba palmaria de despilfarro institucional y de ineficacia de organismos irrelevantes como el CONCA. Este organismo nos presentaba el, también enésimo, proyecto de Estatuto del Artista. Lo irrelevante de este nuevo proyecto de propuestas para, supuestamente, mejorar las condiciones del artista y el creador es que prácticamente repite el mismo esquema que los anteriores y no aporta ninguna idea nueva para su desarrollo o aplicación.  Básicamente, se trata de un documento superficial y especulativo, sin calendario de ejecución ni estrategia política para su aplicación. Vamos, que es una carta a los Reyes Magos que llega unos días tarde y que además no lleva destinatario en el sobre, así que lo mismo da que le llegue a Papa Noel a Melchor, Gaspar o a Baltasar. Deberíamos aplaudir las “buenas intenciones” del organismo promotor, pero pasadas las fiestas toca volver al pragmatismo. Con una situación como la que atraviesa el sector de la cultura, con el agua al cuello, que quieren que les diga, gastarse dinero en esto y ahora, no parece lo mas conveniente. En un periodo de urgencia se deben marcar prioridades, atender los temas más urgentes y aplazar estos ejercicios especulativos o de propaganda. Es un despilfarro elaborar una encuesta a 1.164 artistas, creadores y profesionales del mundo de las artes para llegar a unas conclusiones que ya recogían numerosos informes anteriores (léase, por ejemplo,  el “Informe sobre la situación de los Artistas Visuales” http://avvac.wordpress.com/2013/03/21/estatuto-del-artista-2012/ mucho más extenso y conciso que el actual presentado pro el Conca). Es un despilfarro contratar a un bufete de abogados para, de forma escueta, tratar de identificar unas propuestas que ya están de sobra identificadas, ampliamente desarrolladas anteriormente, de las que existe numerosa bibliografía, y que han sido reiterada y convenientemente trasladadas al territorio de la acción política—con escaso resultado es verdad—. Es una autentica provocación buscar la colaboración de Florenci Guntín para la confección de dicho documento —no es precisamente el mejor ejemplo de BBPP—. Y es una tomadura de pelo que se desarrolle un documento sin delimitar el territorio competencial de las medidas a afrontar, divagando con las peticiones. El núcleo básico legislativo para poder constituir un régimen estatuario del artista es competencia de exclusiva del Estado: Legislación laboral (artículo 149.1.7 de la Constitución), Legislación básica y el régimen económico de la Seguridad Social (artículo 149.1.7 de la Constitución). Por lo tanto corresponde al Estado central, en exclusiva y en estos momentos, la regulación y competencia legislativa sobre la situación socio-laboral de los artistas. La Administración Pública ha de asumir un papel más activo en la normalización, regularización y seguimiento de las condiciones socio-laborales de artistas y creadores, tal y como aconsejan diferentes organismos internacionales, entre ellos el Parlamento Europeo. Algunos  países de nuestro entorno ya han desarrollado un conjunto de disposiciones legales conocidas como “Estatuto del Artista o del Creador” que vienen a  regular las condiciones sociales, laborables, fiscales y –en ocasiones-  de derechos de autor, de los artistas de diferentes ramas de la creación. También hay numerosos estudios europeos y recomendaciones de la Comisión Europea, ampliamente elaborados y estudiados, pero no aplicados. Sobre estos temas se estableció un temario, lo que hay que hacer es aplicarlo, es decir decisión política, nosotros, artistas y creadores, ya hemos adelantado mucho trabajo.

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La Fundación Biacs sigue buscando artistas a pocas semanas del comienzo de la Bienal

Daniel García Andújar, que rechazó la invitación del certamen, denuncia «improvisación y falta de rigor»

El Mundo 23 Sep, 2008
J. M. RONDÓN

SEVILLA.— La Fundación Biacs, institución que promueve la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla (Biacs), seguía inmersa en la selección de los artistas participantes en su tercera edición a pocas semanas de su inauguración, fijada para el 2 de octubre. Este hecho se suma a la repentina cancelación de la exposición que el certamen iba a celebrar en Córdoba –justificada por la caída de un patrocinio privado– y a los diversos problemas de su página web oficial, que hasta finales de julio sólo incluía referencias genéricas sobre un certamen… dedicado precisamente a las nuevas tecnologías.

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Invitación III Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla

El 31 de julio pasado, mientras me encontraba en El Escorial impartiendo un curso de verano, me sorprendió un e-mail de Fernando Franco, Presidente de la Fundación BIACS. Franco me escribía, por indicación de Peter Weibel, para solicitarme el préstamo de la “obra” Technologies To The People. Así, a grosso modo.

A tan sólo dos meses de la inauguración (?), esta invitación a participar en la III Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla reúne un número tan grande de incompatibilidades que uno no sabe como interpretarlas; si como un despiste o como una provocación en toda regla (aunque hasta ahora siempre había pensado que la provocación formaba parte de las estrategias de los artistas y no tanto de los curators). Lo cierto es que este episodio se parece bastante a otro anterior con Consuelo Císcar, cuando intentó involucrarme en la desaparecida Bienal de Valencia tras un artículo crítico con su política cultural que había publicado en la revista Lápiz.

Tras un somero análisis de los diferentes puntos de desacuerdo con los planteamientos de la III BIACS, creo que a nadie sorprenderá mi rechazo, como ya pasara en Valencia. La mayoría de los argumentos en contra son conocidos, muchos de ellos expresados públicamente y, en cualquier caso, perfectamente accesibles. Tanto si se trata de un error fruto de la improvisación y el despiste, o de una provocación en toda regla, espero que esta carta no deje lugar a dudas sobre mi posición en este tema y mi rechazo a la invitación que me han cursado.

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DIRECTORES E CREADORES DANSE CITA ESTA SEMANA NO CCG PARA ANALIZAR A SITUACIÓN DA ARTE CONTEMPORÁNEA

Santiago de Compostela, 3 de xullo de 2006.- A Sección de Artes Plásticas do Consello da Cultura Galega (CCG) celebrará os días 6, 7, 20 e 21 de xullo un seminario que baixo o título “Arte: identidade e globalización” reunirá na capital galega a algúns dos máis destacados creadores, críticos, teóricos e directores de centros de arte da Península, como Lourdes Fernández, directora de ARCO, Rafael Doctor, director do Museo de Arte Contemporánea de León (MUSAC), o creador Santiago Cirugeda e a crítica Anna María Guasch.

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SITUACIÓN DE LAS ARTES VISUALES EN LA COMUNIDAD VALENCIANA

11 de Març de 2005
AAVC
Domingo Mestre (United artists from the Museum) 07-03-2005 Impulsado por la Fundación Arte y Derecho y la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña se está realizando un estudio, Dimensión Económica de las Artes Visuales en España, que por primera vez permitirá obtener datos fiables, a escala estatal, sobre el peso económico de la actividad creativa en el sector de las artes visuales. Esta investigación, pionera en el sector tanto por su dimensión como por sus objetivos, está subdividida en dos partes netamente diferenciadas.

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La tecnologia com a eina

la sociedad informacional

En El Temps d’Art. Valencia, julio-agosto de 2002.

El poder comunicatiu de l’art contemporani s’ha multiplicat amb la incorporació de la tecnologia como a nexe entre la societat i les idees. Daniel G. Andújar treballa en aquesta línia i manté un fòrum a Internet sobre la política cultural valenciana.

El paper de l’art contemporani, no gens allunyat de la determinació de ésser tècnicament perfecte, si aquesta és la pretensió del artista, ha de plantejar, a més a més, noves formes de enteniment i comunicació, inmersos com estem en una societat cada volta més plural y complexa. Si bé és cert que l’art sempre s’ha servit d’unes característiques pròpies per desenvolupar-se d’una manera quasi endogàmica, també és cert que un vessant important d’aquest ha decidit ser eina y procés, abans que objecte i finalitat. Aquesta diferència, encara que puga ser interpretada com a massa subtil, és a la fi ben radical. Escollir l’acció de comunicar amb l’art contemporani, es a dir, entendre l’art com a llenguatge de comunicació y eina de reivindicació, és també un acte arriscat, en què es tracta l’espectador no tant com simple visitant aliè a l’obra, sinó més aviat com a part integrant y determinant d’aquesta. És, doncs, la seua actitud participativa allò que determinarà d’una manera o d’una altra l’obra en si.

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