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¿Y ahora qué? (notas para una desescalada)

¿Y ahora qué? (notas para una desescalada)

¿Reiniciar? ¿volver a la “normalidad”? ¿la nueva o la antigua? ¿hacer lo mismo de siempre…?

Estamos viviendo una distopía que me temo no será ni breve ni transitoria. Hay mucha incertidumbre, se habla ya de un cambio de paradigma, de una nueva era. Un inesperado virus ha provocando la mayor pandemia que recordamos y las consecuencias son devastadoras. Ha confinado a la humanidad, segado cientos de miles de vidas y está cambiado la forma en que vamos a vivir. El orden mundial, que se nos decía que era imposible de cambiar, se tambalea. Estamos ante en un gran reto generacional de dimensiones globales, también en el ámbito de la cultura. En estos días de apresurado desconfinamiento, oigo hablar de reiniciar, volver a la “normalidad” o ir a una “nueva normalidad”, o reanudar nuestras vidas donde las dejamos. 

La desestabilización, el aislamiento social con graves limitaciones de movimiento, la hiperconectividad de nuestras vigiladas cápsulas de confort, la suspensión del funcionamiento habitual de las condiciones de vida y de trabajo de muchos y en muchas regiones, está acelerando algunos procesos derivados de la globalización, el postcapitalismo y la digitalización puestos en marcha desde hace décadas. Incluso procesos ideológicos que estaban latentes en nuestra sociedad. Deberemos de cambiar radicalmente, creo que el cambio está ya operando en nuestras cabezas, evidenciando por un lado nuestra fragilidad y por otro la necesaria prioridad de lo público. Hemos aprendido que nuestro extraordinario avance científico y técnico no puede protegernos, en todo caso puede vigilarnos con mayor eficiencia. Debemos reorganizar totalmente el sistema económico, político y social. ¿Pero cómo? El vacío es enorme. El ruido ensordecedor. No todos vamos en el mismo barco. El mapa está borroso. No hay capitán. Es el momento de parar un instante, aprender a remar juntos y buscar una nueva dirección.

¿Los museos se reinventan?

¿Qué parte de nuestro sistema social, político y cultural quedará en pie? ¿Cómo será la Barcelona que nos espera a la salida de esta crisis? ¿Qué rumbo debemos tomar? ¿Qué alternativas al “modelo Barcelona” plantean nuestros gobernantes, los diferentes partidos y agrupaciones políticas o la sociedad civil? Nadie contaba con el actual colapso, pero, una vez asumido el primer impacto, la cuestión es si estamos ante un cambio radical, ante una oportunidad de cambio, o por el contrario trataremos de apuntalar el actual modelo e intentar volver donde lo dejamos ¿sería esto último posible? La incertidumbre es total, las cuestiones se acumulan, pero las certezas tienen que convertirse en convencimiento de que, si algo ya no funcionaba, no deberíamos repetir los fallos del pasado y cambiar lo que ya sabemos que no funciona. Sería muy interesante poder escuchar la voz de nuestros dirigentes políticos para ver cómo afrontan la gestión de esa situación sin precedentes, cuales son sus ideas y propuestas. ¿Cuál es el programa?

Ante tal incertidumbre y necesidad de cambios en profundidad, me ha llamado la atención el debate, en ocasiones el silencio, en torno a la reapertura de museos, aspectos de la desescalada que afectan al sistema del arte. Lo poco que hemos conocido gira, básicamente, en torno a un par de temas. Por un lado, los cambios logísticos, prácticos y estructurales necesarios como consecuencia de la pandemia provocada por el Covid-19. Por otro lado, las pérdidas económicas producidas durante el cierre y la previsible caída de público, generalmente de turistas. La reflexión en cuanto al cambio de modelo es prácticamente inapreciable y se produce ante la indefinición de la administración, la indeterminación de la clase política y un exiguo apoyo político. Resuelta la logística de higiene y seguridad del museo, parece que el problema que más preocupa a muchos es el económico. Si es así, cómo es que se va a proceder a la reapertura sin resolver un problema tan importante. ¿Asumirán las distintas administraciones íntegramente la caída de caja de todas las infraestructuras culturales de la ciudad? Por ejemplo, los 10 millones de euros de presupuesto del Picasso, los 11,4 millones de euros del Macba… Es toda una incógnita. Durante los años duros de los recortes diferentes dirigentes de infraestructuras culturales de este país fueron convenciendo a la clase política que era posible asumir la misma capacidad de programación y mantener el mismo espacio expositivo con muchos menos dinero, incluso sin financiación pública para actividades. “Haremos más con menos”, esto se lo oímos a algún que otro director. Esto se hizo por varias vías, estrangulando a proveedores, trabajadores y artistas, e implementando un sistema de autofinanciación perverso que ahora se vuelve en su contra. ¿Es el museo un servicio público? ¿Tendrían que asumir las administraciones el coste de abrir las puertas como pasa con los hospitales, el sistema educativo…? ¿Qué clase de instituciones necesitamos? Preguntas en el aire que dejan un vacío y cuestionan esta reapertura sin compromisos adquiridos por ninguna parte. Es hora de evaluar el compromiso político con la Cultura. Pero también de plantearse si vale la pena reconstruir un sistema que no nos satisface, si esos millones pueden utilizarse de forma más eficiente y si las infraestructuras que utilizamos son necesarias en este cambio radical de contexto.

Reinventar el modelo, ¿qué modelo?

El único modelo identificable aquí está afectado de una u otra forma por el turismo. El crecimiento turístico de los últimos años había transformado zonas como La Barceloneta, Las Ramblas, Gòtic, Ciutat Vella, los alrededores de la Sagrada Familia y el Parc Güell. Esa transformación se hizo evidente en la sustitución del tejido comercial de barrio por tiendas de suvenir, bares y restaurantes turísticos. La subida del precio de la vivienda debido a la inversión extranjera y a la incorporación de viviendas para uso turístico había convulsionado la vida de los barrios. Las molestias generadas a los habitantes por esta especulación desatada unidas a efectos de gentrificación, ruidos, tráfico, contaminación y el comportamiento de algunos turistas provocó continuos desplazamientos de población creando una gran desafección ciudadana, despersonalización y pérdida de tejido social. El Macba, el CCCB, la UB o la Blanquerna cayeron en el Raval como fuerzas paracaidistas de un ejercito extranjero, ahí siguen atrincheradas, sin avanzar en el barrio. La masificación turística emergió como segundo problema de Barcelona en las recientes encuestas del ayuntamiento “¡Hasta los turistas comienzan a estar hartos del turismo!” Uno de cada tres extranjeros (34%) que viven en la ciudad afirman que Barcelona tiene un turismo masivo “que no les gusta”. Un problema de sostenibilidad del turismo y de calidad de vida de los ciudadanos, el 59,9 % de los vecinos piensa que Barcelona ha llegado al límite de su capacidad.

El sector turístico ha sido uno de los ámbitos de crecimiento económico directo más importante heredados de la Barcelona Olímpica del 92, y ha sido uno de los pilares del “modelo Barcelona”, y de la economía barcelonesa y catalana. Los Juegos Olímpicos, principal ejemplo de gran evento moderno, fue uno de los motores de aceleración de los procesos globalizadores que caracterizaron el fin del siglo XX. Barcelona experimentó una notable evolución turística desde entonces, acercándose en 2019 al colapso turístico con más de 12 millones de visitantes al año, entre turistas de vacaciones y de negocios. Es una de las ciudades más visitada de Europa y el puerto líder en cruceros del continente y del Mediterráneo. El turismo genera el 12% del PIB y el 14 % de la ocupación en Cataluña: “No hay ningún otro sector industrial que aporte esto”. El 83,1 % de los ciudadanos consideran que el turismo es beneficioso, y tres de cada cuatro barceloneses lo menciona como el sector económico que aporta más riqueza. La riqueza que produce el turismo en Barcelona hizo que la ciudad se redefiniera hasta convertirse en el nido perfecto para esa gallina de los huevos de oro.

Los cinco aspectos mejor valorados de Barcelona por los turistas son la arquitectura (9,26), la cultura (8,91), el entretenimiento (8,61), el transporte público (8,51) y el carácter y la amabilidad de la gente (8,47). Gran parte de los equipamientos públicos de la ciudad se concibieron como una maquina de producción de actividades culturales realizadas ex profeso para satisfacer la demanda de la industria cultural y de ocio de una ciudad que apostó claramente por un modelo extractivo basado en el turismo, el ocio, la industria de servicios y la especulación inmobiliaria. Pero su tejido cultural siempre fue endeble, basado en grandes acontecimientos, festivales y eventos puntuales. Históricamente la ciudad de Barcelona careció de infraestructura pública destinada al arte contemporáneo, ni los políticos de la ciudad, ni tampoco la burguesía se preocupó de ello, extraordinariamente el Comité Olímpico Internacional permitió, por primera vez, organizar unos JJOO con apenas infraestructura cultural y sin museo de arte contemporáneo. Gran parte de los equipamientos culturales de la ciudad son una iniciativa de la sociedad civil. Museos municipales como el Picasso son iniciativa del propio artista que, en 1960, y por voluntad expresa del propio Picasso, su amigo y secretario personal, Jaume Sabartés, propuso al Ayuntamiento de Barcelona la creación de un museo dedicado a su obra. El 8 de mayo de 1970 se firmó la donación de Pablo Picasso a la ciudad de las obras que estaban en el piso de paseo de Gràcia de su familia: 236 óleos, 1.149 dibujos, 17 carnés de dibujo, 4 libros de texto con dibujos y 40 obras de artistas amigos suyos. Cuando muere Jaume Sabartés. En homenaje al amigo fallecido, Picasso dona el Retrato azul de Sabartés (1901) y las 58 telas que componen la serie Las Meninas (1957), que conforman el grueso de la colección. Además, Picasso se compromete a donar al museo un grabado de todos los que dedique, en el futuro, a su amigo. El próximo viernes 8 de mayo se cumplirán50 añosde la firma del acta notarial que formalizaba esta donación. Pero son pocos los barceloneses que conocen esta historia, que sepan o entiendan que este museo y esas obras en realidad les pertenece, nadie se lo ha contado. Tal vez eso explica, en parte, que los barceloneses siempre dieran la espalda a los museos de su ciudad, tanto a las colecciones permanentes, a las exposiciones temporales y a las actividades programadas por todos ellos. Los barceloneses, se decía, “no van ni gratis a sus museos”. En museos como el Macba apenas llegan a sumar un 15% del total de los visitantes. El público extranjero, representa un total del 73% de visitantes. Los visitantes venidos del resto de Cataluña apenas llegan al 6%, la mayoría de la provincia de Barcelona, seguidos de los de Girona. En museos como el Picasso los visitantes extranjeros llegan hasta el 90% y en la Fundación Joan Miró al 81%. Pero ojo a la paradoja, de 12 millones de turistas extranjeros solo el 7,1% visitó nuestro museo más visitado, el Museo Picasso. El Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) lo visitaron poco más del 4,2% de visitantes extranjeros, y el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (Macba), el 1,6% del total. El Louvre, en Paris, lo visitan el 21% de extranjeros que visitan la ciudad, cifras similares o superiores pueden verse en otros museos como en el Prado o el Reina Sofía, si bien en el Reina Sofía la mitad de sus visitantes son nacionales o residentes en España. Barcelona nunca formó parte del “boom de los museos”, sus colecciones no pueden competir con las de París, Madrid o Londres, su baja inversión en producción y generación de patrimonio artístico esta acorde a sus resultados. Este cúmulo de paradojas deja al sector en una autentica insignificancia e indefinición, no se trabaja ni para el publico local ni para el turista. Vamos a tener que poner en valor el compromiso de esta ciudad con la cultura y las artes. Para reinventar algo hay que poner en cuestión el modelo anterior y lo cierto es que el sistema de las artes apenas encajó en la industria de ocio, tampoco se entiende como valor añadido al desarrollo turístico de la ciudad, más allá de la excepción del Picasso –primer museo de la ciudad y en el gran dinamizador del barrio de la Ribera–. Gran parte de la infraestructura de las artes no conectó con el modelo de grandes eventos puntuales, tipo festival, bienal de pensamiento o “qué noche la de aquel día”, de gran eficacia promocional, fuerte impacto mediático y público masivo, que hoy necesita también “reinventarse”. La baja cotización en el escaparate propagandístico de partido o institución política, sitúa al sector artístico en muy mala posición para negociar remanentes en la desescalada del “modelo Barcelona”. Lo cierto es que no hay plan estratégico ni político que seguir. La cuestión es cómo y a dónde vamos. Está claro que el modelo de producción cultural basado en los resultados inmediatos, y no en los procesos, las personas o la educación, está agotado desde hace tiempo. El tempo de la cultura nada tiene que ver con el de la política o la economía, es básicamente lento como el de los procesos sociales. En el fondo todo es cuestión de planificación, organización, prioridades y trabajo colectivo. Si queremos subvertir el modelo de escaparte, si no queremos estar sujetos al éxito y a la pericia personal de algunos proyectos fortuitos o puntuales, si queremos alejarnos de la precarización del trabajo voluntario, tendremos que remar fuerte contra la ola a la vez que damos un fuerte golpe de timón. Debemos corregir estas deficiencias y construir una institución más vertebrada y plural; con unos sistemas de gestión, de control y de evaluación transparentes, democráticos y de calidad; con un trabajo reconocido institucional y socialmente. Necesitamos una nueva institucionalidad e infraestructuras culturales abiertas y próximas en las que los ciudadanos encuentren un espacio de representación pública, de formación permanente y un verdadero instrumento de emancipación. La práctica artística está en permanente estado de alarma, en perturbadora emergencia que obliga a reinventarse continuamente. Cada generación ha de hacer frente a sus retos, el nuestro es monumental. Los retos son importantes y la práctica artística deberá estar ahí creando un espacio radical de libertad y resistencia que genere una necesaria capacidad crítica en el público y la sociedad.  No hay que pedir nada extraordinario ni prioritario, pero debemos tener en cuenta que, si las estructuras en el sector de la cultura desaparecen o colapsan del todo, y en estos momentos, no será fácil reconstruirlas. Ello tendría un impacto inimaginable en la diversidad de nuestro paisaje cultural en términos de perdida de un valioso capital simbólico, profundamente vital, crítico y fundamental para nuestra formación personal y como ciudadanos. El sistema del arte, tal y como lo hemos conocido, está colapsando ante nuestros ojos. En el mundo del arte, la cultura en general, tendremos que redefinir muchos de los roles actuales, rediseñar o cambiar radicalmente gran parte de la infraestructura, consolidar procesos colectivos e inventar nuevas metodologías de trabajo para producir, crear, transferir, generar patrimonio y procesos culturales en condición de dignidad.

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Anticultura y ‘picassofobia’

Ángeles González-Sinde

En 1971, en el 90ª aniversario de Picasso, algunos encontraban tan aberrante y amenazadora su mirada como para prenderle fuego

Sábado, 08/06/2019

Cuando yo era niña, la figura de Picasso, entonces ya un anciano, me producía temor. No por la mala prensa que tenía en España donde el franquismo procuraba ignorarle y sus obras, si excepcionalmente se exponían en alguna galería, no encontraban comprador, sino por su mirada penetrante, por esa masculinidad desafiante que practicaba y que a mí, como niña y luego como joven mujer, me resultaba distante e incluso antipática. Su obra en cambio sí me gustaba. Especialmente los amorosos retratos de sus hijos y de sus mujeres me atraían y contradecían lo avasallador de aquella imagen pública.

En mi casa, por supuesto, Pablo Picasso era visto con admiración y reverencia por mis padres, que, siendo antifranquistas, aplaudían no solo su obra, sino su importantísimo compromiso político con la República y su rechazo frontal al régimen de Franco. A diferencia de Dalí, presto a alinearse con cualquiera que le extendiera un cheque y a traicionar a sus amigos si le convenía, Picasso fue un hombre consecuente que ni siquiera cuando se inauguró el Museu Picasso en la ciudad de Barcelona en 1963 pisó España. “No mientras no vuelva la democracia”, había dicho. Lo que no impidió que de manera extraordinariamente generosa donara en repetidas ocasiones obra para el museo. Casi se diría que cuanto más vacío le hacía el régimen y más incómodas se sentían las autoridades con que el genio por excelencia del siglo XX fuera español, pero no pudieran presumir de él, más ganas le entraban a Picasso de que su pintura, sus grabados, sus dibujos, su cerámica, sus esculturas estuvieran bien presentes en su país natal.

El esfuerzo del alcalde Porcioles

Todos estos detalles los aprendo según leo ‘Picasso en el punto de mira’, un libro fascinante que nos habla de la ‘picassofobia’, pero no solo. También enumera la ola de atentados perpetrados contra librerías, editoriales, distribuidoras de libros y otros centros relativos a la cultura y el pensamiento entre 1971 y 1977. Su autora, Nadia Hernández Henche, arranca analizando la relación del oficialismo con Picasso y nos habla del esfuerzo del entonces alcalde de Barcelona, José María de Porcioles, para nadar entre dos aguas y lograr que el museo fuera una realidad. La sola mención de Picasso en determinados contextos era sinónimo de apología del comunismo y se penaba con la cárcel.

Por supuesto, la animadversión del régimen tenía su contrapeso en las iniciativas de la comunidad de artistas, intelectuales, galeristas y de la universidad, donde se prohibieron homenajes como si en lugar de un pintor, estuviéramos hablando de Lenin redivivo. El clima llegó a ser tan tenso que, en otoño de 1971, cuando se conmemoraba su 90 cumpleaños, las iniciativas particulares para reivindicar a Picasso y su obra, fueron atacadas violentamente en Madrid y Barcelona. Hoy nos parece increíble, pero fue real: en aquel país que es el nuestro algunos encontraban tan aberrante y amenazadora la mirada de Picasso como para prenderle fuego.

Como en las novelas de detectives, el libro hace un repaso de los sospechosos de estos atentados y señala a un instigador principal, que no desvelaré para no hacer ‘spoiler’. A pesar de ser un libro académico, el recorrido que propone por aquella España a la vez lejana y cercana, resulta entretenidísimo pues es al fin y al cabo una historia de la vida cotidiana, de usos, costumbres, locales y rincones que las personas corrientes habitamos. De sus páginas se pueden extraer muchas conclusiones como que los artistas siempre se han interesado y han practicado la política, incluso, como Picasso, de alto voltaje, porque entre otras cosas, todo el mundo hace política incluidos los presidentes de los bancos, de las multinacionales, de las empresas tecnológicas, de las energéticas, de las farmacéuticas, de las constructoras…  No iban a ser menos los artistas o los escritores. Otra cosa es por qué el poder les tiene tanto miedo y los prefiere calladitos, pero eso queda para otro artículo.

Las investigaciones del FBI

Será interesante ver la muestra ‘En el nombre del padre’ en el Museu Picasso. En ella artistas actuales como Daniel García Andújar interpretan a Picasso. Su pieza, por ejemplo, es un buen complemento para este libro. Se titula ‘Picasso comunista’ y gira sobre las investigaciones que el FBI hizo al artista. Hoy pensamos que es propio de dictaduras que las ideas políticas de los creadores sean vistas con censura o sospecha, pero también ocurre en otros sistemas. En la sociedad española sin ir más lejos hay ocasiones en que opinar no sale gratis. Es uno de esos lastres del franquismo que nos quedaron sin revisar. Por eso, cuando soplan malos vientos para la cultura, tiempos de censura y ataques, vientos que ahora amenazan con volver según qué líderes de la nueva ultraderecha tomen la palabra, hay que prestar mucha atención pues es síntoma de que algo va mal, muy mal como nos recuerda Hernández Henche.

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Ver para descreer

Barcelona 04 06 2018 BARCELONEANDO El artista Daniel G Andújar ha inaugurado la expo Los Desastres de la Guerra en la Fundacio Suñol FOTO de FERRAN NADEU

Casi siempre va todo de negro, vaqueros, camiseta, como un rocker o igual que esos técnicos que acompañan a los rockeros o que en los teatros mueven las cosas del escenario sin que nadie se fije aunque todo el mundo los vea. Los dos somos Andújar de madre, pero nuestras madres no son familia. No es lo mismo ser Andújar de madre que de padre. Lo he visto en mis primos. Para ellos el apellido marca un carácter y una estirpe. Los Andújar de madre lo llevamos con escepticismo. Nadie más descreído que Daniel G. Andújar, pero del mismo modo que para desayunar hay que estar primero en ayunas, para descreer se ha de haber creído antes. ¿En qué creyó este artista? Las veces que hemos hablado me ha dado la impresión de que ama lo cercano.

Estos días, Daniel G. Andújar tiene dos exposiciones a la vez, una sobre la clonación como medio de salvar al arte del totalitarismo (por supuesto, es una ironía), y otra sobre la hipocresía artística en Barcelona.

A la Fundació Suñol, Daniel G. Andújar ha llevado el trabajo que hizo el año pasado, 2017, en Atenas y en Kassel para la documenta 14, y al que dio el nombre de Los desastres de la guerra, igual que la serie de Goya. Por primera vez, desde que se inauguró en 1955, Kassel ha celebrado la documenta junto con otra ciudad. De formar parte de la Alemania nazi a quedar devastada por las bombas aliadas, Kassel es origen y fin de la guerra. Y esta herida ha querido curarla con arte contemporáneo.

El artista propone erigir la estatua de un político con un maletín en Sant Jaume, como homenaje al 3%

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La primera falla de 2018 se planta hoy en el Centre del Carme

Fotos: Agustín Verdeguer.- El Centre del Carme Cultura Contemporània de València exhibe, hasta el próximo 9 de abril, la falla / instalación ‘Los Desastres de la Guerra. Caballo de Troya‘ obra del artista alicantino Daniel García Andújar, en colaboración con el artista fallero Manolo Martín.

El artista alicantino Daniel G. Andújar dedica un homenaje a la Junta del Tesoro Artístico que en la Guerra Civil rescató el patrimonio artístico español depositándolo en gran parte en València | El proyecto ‘Los Desastres de la Guerra’ realizado en colaboración con el artista fallero Manolo Martín evoluciona y se amplía en València tras mostrarse en la documenta de Kassel con el apoyo del Consorci de Museus |El 15 de marzo, con el patrocinio de Cervezas Turia, el Centre del Carme acogerá el espectáculo aaudiovisual ‘Encesa Turia’

La pieza ha sido presentada esta mañana por el director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, acompañado por los artistas. Pérez Pont ha señalado que “la instalación ‘Los Desastres de la Guerra’ forma parte de un gran proyecto que llevó al artista alicantino Daniel García Andújar hasta la pasada documenta14 de Kassel, uno de los encuentros artísticos más importantes del panorama internacional. El Centre del Carme desarrolla y amplía este proyecto para València, donde se gestó, tejiendo nuevas redes entre el arte más actual y la tradición fallera”.

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Interferències con Daniel G. Andújar · 17 de enero 2018. Bau, Centro Universitario de Diseño de Barcelona

El artista, activista y teórico Daniel G. Andújar será el encargado de inaugurar la primera Interferències del 2018, que lleva por título Paisaje visual. Territorio de resistencia y que tendrá lugar el 17 de enero a las 14:00 h en BAU.

Esta conferencia es la cuarta sesión Interferències del curso 2017-18, un ciclo organizado por el Área de Cultura de BAU que ha traído a artistas, activistas, filósofos, arquitectos e investigadores como Timothy Morton, Ibon Bilbao (Arquitectos de Cabecera) o Lara Costafreda (Casa nostra, casa vostra) en el primer semestre del curso.

Según Daniel G. Andújar, el lenguaje visual es la herramienta más valiosa de la práctica artística, pese a que en estos momentos lo “visual” está específicamente asociado al territorio digital contemporáneo, al ocio digital, a la publicidad. El arte ya no tiene la hegemonía e influencia del pasado en los procesos de generación de un imaginario visual, es más, ha perdido parte de esa capacidad.

Las estructuras que creamos condicionan nuestra percepción de la realidad. Afortunadamente, todo lo que somos capaces de construir, seremos capaces de modificar. La práctica artística puede convertirse en un lugar estratégico de resistencia a las interpretaciones estandarizadas de los medios digitales y la maquinaria de control y mediación que el capitalismo impone. Tal vez sea el momento de dejar de producir más ruido, de fabricar más imágenes ciegas y de adhesión a la autoridad o a determinados intereses de las sociedades postcapitalistas. Esto no quiere decir necesariamente dejar de trabajar con las imágenes, sino más bien reflexionar cómo se han construido estas imágenes, cuál es su estructura, qué significado tienen y cómo podemos activarlas e incorporarlas en el proceso cultural.

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Salvados de la entropía. La Fundación Helga de Alvear se adentra en la reconstrucción del medio natural

Ángela Molina

El País

Hay señales de alerta y señales de arte, y todas coinciden en una exposición que nunca podrá tener lugar fijo porque, de hecho, está en todos esos espacios naturales, dilatada en los más extremos momentos de extenuación y en sus compañeros víctimas, criaturas con caras de animales que desbordan mar, cielo y tierra para defenderse de los últimos hombres en el mundo. La poética visual de Todas las palabras para decir roca garantiza a esos seres su individualidad y goce hasta el mismo filo de la trampa, donde esperan, disimulados, pirómanos y poceros.

La colectiva que se exhibe en la Fundación Helga de Alvear sólo ha podido ser ideada por un autor orgulloso de sus fuentes. Julián Rodríguez, galerista, escritor y editor nacido en la Extremadura de huertos y campos, sostiene que una de las mayores preocupaciones contemporáneas, la preservación y construcción del medio natural, tiene su ángel salvador en el campo gravitacional del arte. Es de suponer que asistiremos a una nueva era de exposiciones de alto voltaje ecológico, y esta es una de ellas, atrevida, abiertamente didáctica, fecunda aunque vulnerable, como si cada imagen, cada forma orgánica hubiera sido liberada de las garras de la entropía.

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La colección de arte del Banco de España protagoniza la mayor exposición de arte español en Marruecos hasta la fecha

Goya, Barceló y los vecinos desconocidos
La colección de arte del Banco de España protagoniza la mayor exposición de arte español en Marruecos hasta la fecha
Ulises Fuente. Rabat (Marruecos). La Razón

En nuestro país es una auténtica desconocida, pero los rabatíes pueden acercarse a una muestra de la excelente colección de arte del Banco de España que se expone en el Museo Mohamed VI de Arte contemporáneo de la capital marroquí. La muestra, titulada “De Goya a nuestros días”, hace un recorrido histórico por las fases de la pintura española a través de una selección de más de 70 obras de su monumental colección de cuatro mil piezas. Y, aunque la visita comienza por retratos clásicos de personalidades de finales del siglo XVIII, ofrece una panorámica selecta de la creación no figurativa, informalista y conceptual del siglo XX en España. Con obras de Tàpies, Saura, Barceló, Canogar o Gordillo, entre otros, esta es, hasta la fecha, la exposición más importante que se ha hecho en el país vecino de arte español.

Aunque es pronto para saber cuál será la reacción del público marroquí, una de las comisarias de la muestra, Yolanda Romero, explicaba que “es bueno contribuir a la apertura de lenguajes y desarrollar la afición por códigos del arte contemporáneo que habitualmente generan cierto rechazo”. Para ayudar a los visitantes, además del catálogo, se distribuirá al visitante una pequeña guía con textos que acompañen y contextualicen las piezas, algunas de ellas ligadas a la historia de España y quizá difíciles de ser interpretadas para un espectador no informado. El Museo de Arte Contemporáneo de Rabat, unas instalaciones modestas aunque modernas, lleva abierto apenas tres años en los que ha servido de altavoz para los lenguajes de vanguardia en el arte tanto africano como europeo.

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La ‘falla’ más contemporánea arde en Alemania

‘los desastres de la guerra’

Carlos Garsán

27/06/2017 – Valencia Plaza

VALÈNCIA. Cuando se anunció que el gran evento de arte contemporáneo Documenta 14, que tiene lugar cada cinco años en Kassel (Alemania), iba a contar con una falla (sí, una falla) pocos imaginaban de qué manera se iba a dar forma a la idea. Con el objetivo de “coger un instrumento enclavado en la cultura popular valenciana y sacarlo de contexto para que todo el mundo pueda apreciarlo, aunque no lo comprenda”, el artista Daniel García Andújar ha llevado a la ciudad alemana su proyecto Los desastres de la guerra, una suerte de falla que ya ha sido consumida por el fuego. El llamado “anti-monumento” busca trasladar el espíritu de la fiesta a una de las citas más destacadas del ámbito del arte contemporáneo internacional, un pieza realizada en colaboración con el artista fallero Manolo Martín.

Como parte de un proyecto mayor, García Andújar construyó la pieza ‘Caballo de Troya’ como obra principal de su exposición en Kassel, una construcción de cinco metros de altura que representa una escultura clásica griega que ha sido levantada utilizando las técnicas de los monumentos falleros de los años 30: sin plásticos, ni fibras de vidrio; solo papel y madera. La particular cremà de la ‘falla’ fue la culminación de todo un ritual que tuvo su punto de partida a las 20 horas del pasado sábado, cuando la galería de arte contemporáneo Neue Neue Galerie, que acoge la pieza, cerró sus puertas. Entonces el público pudo ser participe del desmontaje de la obra, que fue trasladada por las calles de la ciudad a modo de peregrinación, acompañados por dos grupos de tabal y dolçaina escoltados por la policía.

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¿Quemar el canon?

María Dolores Jiménez-Blanco

26 Mayo 2017

Hace más de 100 años, el 20 de febrero de 1909, los futuristas irrumpían en el tranquilo desayuno de los parisinos afirmando en el diario Le Figaro que querían “démolir les musées, les bibliothèques…”. Los museos, como los cementerios, admitían los futuristas, podían visitarse una vez al año para recordar a los muertos, incluso podía estar bien dejarle flores a la Gioconda, pero NADA de pasearse por allí cotidianamente para consolar inquietudes o tristezas. Si demoliésemos los museos, como decían Marinetti y sus amigos, nos evitaríamos muchos latazos, incluyendo el de tener que rendirle culto al canon, incluyendo el de admirar la pieza canónica por excelencia, la Gioconda. No pudieron evitarlo: a los futuristas se les escapó que, a pesar de todo, les encantaba la Mona Lisa ¡aunque lo disfrazasen de ironía hablando de honrar la tumba de un antepasado!

Es posible que Marinetti y sus amigos futuristas no sean la mejor compañía: odiaban a las mujeres, admiraban la violencia y hablaban de la guerra como “higiene del mundo”, y además lo decían abiertamente en el mismo escrito publicado en Le Figaro 1909. Desde luego estaban hechos un lío: ¿nada de museos, pero respeto a la Gioconda? ¿Demoler los museos pero honrar el canon? De ese texto de 1909 aprendemos dos cosas: la primera es que en el supuesto epicentro original de la modernidad, en el París de las vanguardias y en año en que supuestamente Picasso y Braque “inventan” el cubismo que con los años serviría de base para configurar el canon de lo moderno, hay quien quiere ir contra las instituciones canonizadoras: el museo y la biblioteca. Y la segunda es que, entonces y ahora, parece que la clave está en qué demoler y qué adorar, en qué quemar como un trasto viejo en una falla, y qué salvar para poner en una tumba, en un trono o en un altar, según los gustos de cada uno. Al final ¡incluso los que afirman agresivamente querer acabar con los museos están proponiendo un canon!

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La radio tiene ojos- Arco 2017

Entramos en la Feria de Arte Contemporáneo y conocemos a varios artistas latinoamericanos en esta edición en la que Argentina es el país invitado. El director de ARCO, Carlos Urroz nos da algunas claves del año y entramos en los stands de las galerías, hablamos con los galeristas y con otros artistas españoles que nos cuentan ellos mismos los trabajos que han presentado, como Daniel Canogar, Daniel García Andújar, Ignasi Alballi o Guillermo Mora entre otros muchos.

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